miércoles, 18 de junio de 2014

Dándole claridad a mi labor...

20/12/2014


Hola colegas y no tan colegas que están leyendo mi blog, ha pasado un tiempo desde mi primera publicación, y creo que hay cosas relevantes que les debo contar. Reflexionando en torno a la labor que estaba cumpliendo, lo poco definida de esta me fue haciendo ruido, me sentía más como una máquina multifuncional que hacía sólo lo que le pedían, sin cuestionarme si realmente tenía que ver con mi labor. Fue en este ejercicio en el que me percaté que el problema a la base de esta situación, es que yo, siendo psicóloga educacional, no tenía claridad de lo que tenía que hacer. Si bien en la universidad pude haber tenido uno que otro ramo de psicología educacional, estos no permitieron que me hiciera una imagen de lo que un psicólogo educacional debe hacer. Pero esto no es lo peor, sino que también, me di cuenta de que en verdad el problema era que no tenía claridad de lo que era psicología educacional en general.
Es por esto que me dispuse a investigar sobre el tema, teniendo presente que no sería una labor fácil. Mi búsqueda comenzó con consultas a colegas, es así que por datos entregados, llegué a colegas que habían egresado de la Universidad de Chile y mucho de los cuales, tenían mayor claridad sobre el tema. Fueron ellos los que guiaron la búsqueda, compartiendo conmigo clases que habían tenido y junto con esto, bibliografía de distintos autores que hablaban sobre el tema. Lo que les presentaré a continuación, son las ideas principales de lo fui encontrando, y que me han ido dando más claridad sobre el tema.
Sobre el objeto de estudio, presentare la definición que leí en uno de los apuntes de uno de mis colegas de la Universidad de Chile, y el profesor Jesús Redondo en su catedra propone que la psicología educacional describe el objeto como un proceso de cambio que acontecen en las praxis de las personas (y organizaciones) al participar en actividades educativas, praxis que incluye comportamiento y cambios mentales.
Pero esa concepción de la psicología educacional no es la que ha tenido mayor fuerza durante la historia. En una primera época (1880-1920) la psicología se caracteriza por el estudio de contenidos de las diferen­cias individuales y la administración de tests útiles para el diagnóstico y tratamien­to de los niños problemáticos, de modo que en sus orígenes la psicología escolar aparece fuertemente vinculada a la educa­ción especial. En un segundo momento (1920-1955), el impacto del movimiento de salud mental promueve la proliferación de servicios psicológicos para tratar los pro­blemas psicológicos infantiles dentro y fuera de la escuela y divulga la idea de una psicología escolar no limitada al diagnósti­co y tratamiento de los problemas de aprendizaje escolar, sino ocupada también en la atención a los aspectos emocionales, afectivos y sociales del alumno. En la tercera época (1955-1970) empieza a considerarse la necesidad de formar a los profesores en los avances del conocimiento psicológico y en su integración en la metodología didáctica y se piensa en el psicólogo escolar como el profesional que actúe de puente entre tal conocimiento psicológico y la práctica escolar. A partir de 1970, comienza la búsqueda de modelos alternativos basados en las teorías sistémicas y ecológicas y en la Psicología comunitaria intentando dar un giro al esquema tradicional de atención individualizada a los casos problemáticos subrayando la importancia del contexto.
Actualmente hay autores que plantean una crisis a nivel estructural en el sistema educacional ya que, en el sistema educativo predominante, lo que realmente se estaría generando, es una psicologización de los problemas sociales en las familias y el individuo, y que en verdad son producto de las problemáticas económicas, sociales y políticas. Pero en la actualidad como plantea Coll (s.f) también se están dando procesos de reconsideración de lo que estamos asistiendo desde hace algunos años de las funciones y fines de la educación en general, y de la educación escolar en particular. Esto se ve en primer lugar, en la revisión crítica a la vieja aspiración de construir una teoría y una práctica educativa sobre bases científicas. En segundo lugar, en la emergencia y la aceptación creciente de nuevos conceptos y enfoques teóricos en psicología del desarrollo, en psicología del aprendizaje, y muy especialmente en psicología de la educación y de la instrucción. Y en tercer lugar, en el cambio de perspectiva adoptado progresivamente en el transcurso de las últimas décadas, a partir de finales de los años sesenta aproximadamente, respecto a la naturaleza misma de las relaciones entre psicología y educación y al tipo de contribuciones o aportaciones que la primera puede hacer legítimamente a la segunda.
Creo importante mencionar que los diferentes objetos de estudio de la psicología educacional responden a la época en que se contextualizan y responden a miradas particulares que puede tener la sociedad sobre la educación. Como señala Coll (s.f) los grandes bloques de contenidos de los que se ocupa la psicología de la educación serian, por un lado, los relativos a los procesos de cambio que se producen en las personas como resultado de su participación en situaciones y actividades educativas; y por otro, los factores, variables o dimensiones de las situaciones y actividades educativas que se relacionan directa o indirectamente con estos procesos de cambio y que contribuyen a explicar su orientación, características y resultados.
Por otra parte, las dimensiones en las que un psicólogo educacional puede aplicar su conocimiento también son diversas y a veces en la práctica se contraponen, por un lado tenemos al conocimiento psicoeducativo o y por otro las actividades científico- profesionales. Dentro de éstas dimensiones, la aplicación de la disciplina se ve en tres ámbitos: núcleo teórico conceptual donde la idea es contribuir a la elaboración de una teoría que permita comprender y explicar mejor estos procesos; procedimientos de ajuste que busca ayudar a la elaboración de procedimientos, estrategias y modelos de planificación e intervención que ayuden a una orientación en una dirección determinada; y el ámbito de la aplicación donde se busca coadyuvar a la instauración de unas prácticas educativas más eficaces, más satisfactorias y más enriquecedoras para las personas que participan en ellas. Teniendo estos elementos, podemos resumir el rol del psicólogo educacional, como aquel que puede ser parte de investigaciones (como psicodidácticas, de aprendizaje escolar, psicología instruccional y diferencial), ser el encargado de diseñar y planificar (como por ejemplo programas escolares, diseños psicopedagógicos, orientación, programas educativos no escolares, organización escolar, procesos psicosociales en escuelas) o bien, aplicando directamente sus conocimientos (en capacitaciones, intervenciones, diagnóstico, asesoramiento a directores y/o profesores).
Es a partir de lo planteado, que el profesor y psicólogo educacional Jesús Redondo da una nueva mirada, planteando lo que se le llama “la sociopraxis de la liberación en la escuela” y como consecuencia, una nueva formación de los psicólogos de la educación. Respecto a la escuela, se plantea que ésta debe generar democracia, permitir el desarrollo de la ciudadanía y generar bienestar humano. Además, su eje central debiese ser el reconocimiento del otro, su identidad y pertenencia, y también, a través del otro lograr reconocerme, por esto, la escuela debiese ser un lugar donde se desarrolle dignidad y no donde las personas sean juzgadas. Y como punto principal, para lograr un avance de la sociedad humana, se requiere que la escuela tenga como ley la gratuidad y justicia.
Como consecuencia de lo anterior, se da un nuevo foco de la formación del psicólogo de la educación, donde se debiese comprender los fenómenos educativos de manera macro, meso y micro desde perspectiva crítica liberadora, tal como lo plantea Martín-Baró. Junto con esto, se plantea un modelo de investigación acción participativa que busca ir a los problemas reales de las escuelas y trabajarlos con los participantes. Se debiesen tener experiencias de interacción de estudiantes con docentes desde la práctica de la democracia participativa y por último, integrar docencia, investigación y extensión universitaria.

A partir de lo encontrado, me pregunto si estaré realizando mi labor de buena manera, quizás no me estoy haciendo cargo de lo que debería y sólo respondo a lo que me piden sin cuestionarme si es mi real labor. ¿Bastará con ser orientadora? Creo que desde ahora las cosas se ven de manera distinta para mí, y algo tendré que hacer con eso ¿o no? ¿Qué opinan?

PD: el libro que utilice mayoritariamente en este post fue “Concepciones y tendencias actuales en Psicología de la Educación” de Cesar Coll. Es realmente un muy buen libro, ¡se los recomiendo!

1 comentario:

  1. Me encantó tu blog, realmente no sabía sobre las tendencias y concepciones actuales en Psicología de la educación.

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