20/01/2016
Hoy me gustaría conversar acerca de lo que, en mi experiencia, es uno de los temas más importantes, desde la perspectiva de la Psicología Educacional: los procesos psicológicos involucrados en el aprendizaje.
Es importante entender que la educación se vale de los conocimientos que la psicología ha obtenido respecto a este tema, por lo tanto, la intervención en los espacios de aprendizaje y el acompañamiento al docente en los procesos de enseñanza-aprendizaje son fundamentales en el quehacer del psicólogo educacional…
En general, tal como lo plantean Postman y Weingartner (1969), la escuela tiene varios supuestos a la base de la experiencia de aprendizaje, como por ejemplo: (a) que la verdad es absoluta e inmutable; (b) que siempre existe una respuesta absolutamente correcta; (c) que existe una causalidad simple, única y mecanicista; (d) que las diferencias entre las cosas son absolutas y opuestas; (e) que el conocimiento transmitido, al provenir de una autoridad intelectual, debe ser aceptado sin cuestionamientos; entre otros, que se desprenden de los que acabo de nombrar. Es complicado plantear así el sistema educativo, puesto que, como sabemos, nos encontramos en una realidad que va mutando rápidamente en relación con sus valores y sus concepciones, lo que se refleja, por ejemplo, en las transformaciones producidas por el avance tecnológico. Estos planteamientos de 1969 (¡más de 40 años!) siguen hoy más vigentes que nunca y, me parece, no nos hemos detenido a pensar siquiera en por qué, después de tantos años, no hemos podido mover esos focos de la educación regular. Y es extraño pensarlo incluso, puesto que yo actualmente trabajo dentro de este sistema educativo y no me detengo a pensar en esto en el día a día.
Resulta que los procesos psicológicos, como conceptos, son constructos humanos. La psicología ha generado un cuerpo amplio de estudio en torno a estos fenómenos, pero siguen siendo planteamientos teóricos construidos, desde uno u otro enfoque, en base a consensos disciplinares. Por ejemplo, en principio, la educación recogió los conocimientos de la perspectiva conductista para poder trabajar sobre los procesos psicológicos de los niños. Este enfoque plantea, fundamentalmente, una relación del sujeto con el ambiente que es de causalidad: el ambiente contiene estímulos que provocan una respuesta determinada del sujeto, la cual está basada en asociaciones entre dichos estímulos que el individuo logra establecer, mediante procesos de aprendizaje. En este caso, el sujeto es visto como un receptor pasivo y el proceso de aprendizaje sería, por tanto, mecánico. Este enfoque fue útil mientras se pensaba en que el sistema educativo debía proveer al individuo de herramientas que le permitieran adaptarse al entorno físico, social, familiar, etc. Y parece ser que, hasta ahora, se sigue considerando de esta manera: el sujeto debe adaptarse a su ambiente y no al revés (de ahí los problemas, por ejemplo, de los programas de integración).
Y no creas, querido lector, que esto me parece del todo mal. Sin embargo, algunas veces pienso que es posible que estemos dejando muchas cosas en el tintero y, por lo mismo, creo que debiéramos buscar otras formas de aprovechar los potenciales de aprendizaje de los alumnos en el sistema escolar. Por lo mismo, me puse a leer muuuchas cosas, jijiji.
Particularmente, me gustó el planteamiento de Moreira (2000), que expone la teoría del aprendizaje significativo crítico en un artículo que les recomiendo leer, porque es muy entretenido y, evidentemente, innova sobre pensamientos anteriores. Les dejo el link más abajo para que lo puedan revisar J
Este autor señala, basándose en las ideas de Postman y Weingartner (los autores que les nombré antes), que el sistema educativo actual es lo menos apto para preparar a las personas para un futuro que tiene, a la base, la transformación permanente, puesto que en vez de formar sujetos con capacidad reflexiva, crítica, creativa, liberal y de tolerancia para poder enfrentar una realidad –como es- ambigua e incierta, genera individuos dogmáticos, autoritarios, intolerantes, pasivos y conservadores. Por lo tanto, el sistema educativo debiera ser estructurado en torno a la idea de la búsqueda, construcción y transformación de significados nuevos para enfrentar la cambiante realidad, no sólo quedarnos con un proceso de enseñanza-aprendizaje lineal y pasivo, en el que sólo se transmite el conocimiento, sin dar espacio a los cuestionamientos.
Entonces, Moreira plantea que es necesario cambiar los focos del sistema educativo y dirigirnos a una educación donde el aprendizaje significativo (es decir, aquel que se caracteriza por la interacción que se establece entre el conocimiento que ya se tiene y el conocimiento nuevo, de modo que el conocimiento nuevo adquiere nuevos significados y el anterior se enriquece con ellos) se genere con una postura crítica (o subversiva, como él le llama) a la base, con el fin de que el sujeto pueda sobrevivir a la sociedad contemporánea, en constante construcción.
Como aprendemos a partir de lo que ya conocemos, debemos tener en cuenta ese conocimiento anterior para poder promover un aprendizaje significativo; esto quiere decir que el sujeto, concebido como agente en su proceso de aprendizaje, va otorgando significados a lo que va conociendo de acuerdo a lo que ya sabe (lo relaciona, lo reestructura). Lamentablemente, este potencial es desaprovechado por la escuela, en muchos ámbitos, desde el momento en que se obliga al alumno a memorizar, sin poner atención a la comprensión que el alumno pueda tener del nuevo conocimiento que va adquiriendo y cómo lo va reelaborando dentro de sus estructuras cognitivas.
El aprendizaje significativo crítico es planteado por Moreira como “aquella perspectiva que permite al sujeto formar parte de su cultura y, al mismo tiempo, estar fuera de ella”, es decir, que el alumno se forme dentro de los parámetros valóricos, rituales e ideológicos que están presentes en la cultura, pero que pueda desenmarcarse lo suficiente de ellos como para generar críticas que lo lleven a la condición de posibilidad de transformación de lo que se piensa y se hace en la cultura.
¿Pero es posible plantearse una escuela que abarque el conocimiento en esto términos? ¿Qué hacer ante esto? Porque es realmente difícil que nos planteemos una mejora en un sistema educativo que no está en la disposición de adecuarse a los alumnos, sino que espera que los alumnos se adapten a él. En mi trabajo, constantemente puedo notar que el hecho de que un profesor esté relacionándose simultáneamente con más de 30 o 40 alumnos es una condición que no permite, en primera instancia, poder generar un proceso de enseñanza-aprendizaje, desde el punto de vista psicológico, que sea significativo –en el sentido que expuse antes-.
Las estrategias que Moreira propone son útiles: enseñar y aprender a realizar preguntas en vez de sólo enseñar las respuestas (principio de interacción social, donde docente y alumno interactúan para compartir significados), con el fin de promover la producción de nuevos conocimientos; no centrarse en los libros de textos, tener en cuenta que existen muchas variedades de materiales educativos que no tienen a la base el pensamiento lineal de mera transmisión de conocimiento no significativo; considerar que la percepción (en tanto recepción) de nuevos conocimientos también son procesos de relaboración de significados, en donde el sujeto es agente, genera un proceso de representación del mundo a través de sus procesos cognitivos, por lo que no sirve considerarlo como mero receptor pasivo de información; considerar que el lenguaje, como herramienta del pensamiento, es fundamental en la elaboración de nuevos significados, en el sentido de que lo que decimos está cargado de un significado que nosotros le otorgamos, pero que no necesariamente el otro lo entenderá como lo entendemos nosotros (“el significado está en la persona, no en la palabra”); etc. Sin embargo, tenemos que entender que para poder estructurar un sistema educativo que apunte a la implementación de estas u otras estrategias, debemos generar cambios en los supuestos que tenemos como base de la planificación curricular.
Bueno, querido lector, espero que esto nos sirva a ambos para reflexionar. Pese a que me encuentro a gusto trabajando dentro del sistema escolar, me parece que es necesario ir repensando estas y otras cuestiones que apunten a la mejora del mismo. Por ahora, me quedo en mis lecturas, mis reflexiones y me gustaría que comentaras lo que a ti te parece que haya que aportar a estos pensamientos. ¿Será que estoy pensándolo demasiado y cuestionando todo sin necesidad? No lo sé.
Espero sus comentarios y sugerencias J
Les dejo el artículo que me dejó pensando en estas cosas…
Moreira (2000): Aprendizaje Significativo Crítico.
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1340902

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